Debo reconocer que me moría de miedo. Iba a todas las consultas mensuales con cierto recelo y nervios porque no sabía que me iban a decir, tenía pánico saber que algo quizás andaba mal. Entiéndeme: todo era nuevo para mí. Y parece que mis nervios eran algo justificados, ya que en la consulta de la semana 37, un lunes por la mañana mi doctora me dijo que por mi presión y con la ecografía especial que te hice, tenías que nacer lo antes posible.
No había opción de pensarlo mucho: un día más y ¡Te tendría
en mis brazos! El 13 de octubre a las 11pm ingresé a la clínica ¿Te imaginas?
Primera vez que entraba hospitalizada a una clínica, primera vez que me iban a
operar y primera vez que daría vida a un nuevo ser. Como era de esperar, no
dormí casi nada toda la noche; tu papá nos acompañó. Los 3 conversábamos de cómo
sería el día siguiente, de cómo llorarías al nacer y sobretodo hablábamos de cómo
te llamaríamos. ¿Puedes creerlos? Ya íbamos a conocerte y no sabíamos cómo
llamarte. Teníamos una loca idea de ponerte un nombre “extraño”, buscábamos y buscábamos
un nombre distinto, novedoso y fuera de lo común. Sin saber, que los nombres
estaban ahí mismo, dentro de nuestras familias: tus abuelos.
El 14 de octubre llegó, desperté a las 6am (bueno, me
despertaron las enfermeras y obstetras); tu papi se despertó asustado (como
siempre, ya verás cómo se despierta todo gruñón) mientras que yo estaba con los
ojos abiertos como una uva. Me hicieron los últimos análisis, y solo esperaba
la llegada de la ginecóloga para que me diga que vaya a sala de operaciones.
Tus abuelitos estaban conmigo ansiosos y nerviosos a la vez. Todos estábamos
así.
Hasta que a las 9am por fin me llevaron a sala de
operaciones, me despedí de tu abuelita y de tu abuelito (Abelito, como dice que
quiere que lo llames), tu papá nos acompañó todo el momento hasta que entré a
sala y lo dejaron esperar afuera. Me alistaron para empezar la cesárea, no
sentí nada. Minutos después entró tu papi y a los segundos él ya te tenía en
sus brazos y te puso a mi lado, juro que recuerdo cada segundo de aquel
momento, tu piel, tus ojitos en forma de línea y tu gran ansiado grito. Jamás
pensé que me sentiría tan feliz escuchando tu llanto, luego te llevaron y no
supe de ti hasta casi el medio día. Las horas más largas de mi vida.
Entré al cuarto y solo preguntaba por ti, hasta que a las
horas te llevaron. En ese momento supe que algo bueno he debido de hacer en
la vida, para tener tan maravilloso privilegio de poder verte y sentirte.
Gracias por todo. Gracias por hacerme mejor hija, mejor
madre y sobretodo mejor persona. Te debo la vida entera.
Tu primera foto, tomada por papá.
Tu última foto antes de conocerte
0 comentarios: